Pentecostés

La palabra griega pentecostés significa que la fiesta celebrada ese día tiene lugar cincuenta días después de pascua. El objeto de esta fiesta evolucionó: en un principio fiesta agraria, conmemora en lo sucesivo el hecho histórico de la alianza, para convertirse al fin en la fiesta del don del Espíritu, que inaugura en la tierra la nueva alianza.

1. AT y JUDAÍSMO.

Pentecostés es – con pascua y los tabernáculos – una de las tres fiestas en que Israel debe presentarse delante de Yahveh en el lugar escogido por él para que habite en él su nombre (Dt 16,16).

1. En los orígenes es la fiesta de la recolección (siega), día de regocijo y de acción de gracias (Éx 23,16; Núm 28,26; Lev 23,16ss); ese día se ofrecen las primicias de lo que ha producido la tierra (Éx 34,22, donde se da a la fiesta el nombre de fiesta de las semanas, apelación que la sitúa siete semanas después de pascua y de la ofrenda de la primera gavilla: cf. Lev 23,15).

2. Luego la fiesta es un aniversario. La alianza se había concluido unos cincuenta días (Éx 19,1-6) después de la salida de Egipto, que se celebraba con la pascua; pentecostés vino a ser naturalmente el aniversario de la alianza, sin duda ya el siglo u a. de J.C., pues como tal aparece generalizada a principios de nuestra era según los escritos rabínicos y los manuscritos de Qumrán.

II. EL PENTECOSTÉS CRISTIANO.

1. La teofanía.

El don del Espíritu, con los signos que lo acompañan, el viento, el fuego, se sitúa en la prolongación de las teofanías del AT. Un doble milagro subraya el sentido del acontecimiento: en primer lugar, los apóstoles se expresan en “lenguas” para cantar las maravillas de Dios (Hech 2,4); el hablar en lengua es una forma carismática de oración que se registra en las comunidades cristianas primitivas. Este hablar en lengua, aunque de por sí ininteligible (cf. 1Cor 14,1-25), este día es comprendido por las gentes que se hallan presentes; este milagro de audición es un signo de la vocación universal de la Iglesia, puesto que estos oyentes vienen de las regiones más diversas (Hech 2,5-11).

2. Sentido del acontecimiento.

a) Efusión escatológica del Espíritu.

Pedro, citando al profeta Joel (JI 3,1-5), muestra que pentecostés realiza las promesas de Dios: en los últimos tiempos el Espíritu será dado a todos (cf. Ez 36,27). El Precursor había anunciado que estaba presente el que debía bautizar en el Espíritu Santo (Mc 1,8). Y Jesús, después de su resurrección, había confirmado estas promesas: “Dentro de pocos días seréis bautizados en el Espíritu Santo” (Hech 1,5).

b) Coronamiento de la pascua de Cristo.

Según la catequesis primitiva, Cristo muerto, resucitado y exaltado a la diestra del Padre acaba su obra derramando el Espíritu sobre la comunidad apostólica (Hech 2,23-33). Pentecostés es la plenitud de pascua.

c) Reunión de la comunidad mesiánica.

Los profetas anunciaban que los dispersos serían reunidos en la montaña de Sión y que así la asamblea de Israel estaría unida en torno a Yahveh; pentecostés realiza en Jerusalén la unidad espiritual de los judíos y de los prosélitos de todas las naciones; dóciles a la enseñanza de los apóstoles, comulgan en el amor fraterno en la mes i eucarística (Hech 2,42ss).

d) Comunidad abierta a todos los pueblos.

El Espíritu se da con vistas a un testimonio que se ha de llevar hasta los confines de la tierra (Hech 1,8); el milagro de audición subraya que la comunidad mesiánica se extenderá a todos los pueblos (Hech 2, 5-11). El pentecostés de los paganos (Hech 10,44ss) acaba de hacerlo patente. La división operada en Babel (Gén 11,1-9) halla aquí su antítesis y su término.

e) Comienzo de la misión.

El pentecostés que reúne a la comunidad mesiánica es también el punto de partida de su misión: el discurso de Pedro, “de pie con los Once” (Hech 2,14), es el primer acto de la misión dada por Jesús: “Recibiréis una fuerza, el Espíritu Santo… Entonces me seréis testigos en Jerusalén, en toda la Judea y en Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hech 1,8).

Los Padres compararon este »bautismo en el Espíritu Santo”, una como investidura apostólica de la Iglesia, con el bautismo de Jesús, teofanía solemne al comienzo de su ministerio público. Muestran en pentecostés el don de la nueva ley a la Iglesia (pf. Jer 31,33; Ez 36,27) y la nueva creación (cf. Gén 1,2): estos temas no se expresan en Hech 2, pero .se basan en la realidad (la acción interior del Espíritu y la recreación que él efectúa).

3. Pentecostés, misterio de salvación.

Si fue pasajero el aspecto exterior de la teofanía, el don hecho a la Iglesia es definitivo. Pentecostés inaugura el tiempo de la Iglesia, que en su peregrinación al encuentro de Señor recibe constantemente de él el Espíritu que la reúne en la fe y en la caridad, la santifica y la envía en misión. Los Hechos, “Evangelio del Espíritu Santo”, revelan la actualidad permanente de este don, el carisma por excelencia tanto por el lugar que ocupa el Espíritu en la dirección y en la actividad misionera de la Iglesia (Hech 4,8; 13,2; 15,28; 16,6) como por sus manifestaciones más visibles (4,31; 10,44ss). El don del Espíritu califica los “últimos tiempos”, período que comienza en la ascensióny hallará su consumación el último día, cuando retorne el Señor.

PAUL DE SURGY

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