HISTORIA DE LA DIÓCESIS

      I . La Primera Evangelización

     II . La Independencia

    III . La Revolución

    IV . El Renacimiento

     V . El Cambio

    VI . En la Actualidad

     

I. LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN Y LA LARGA OSCURIDAD VIRREINAL: ( 1518 - 1812 )

El tabasqueño ha sido, desde siempre, ferviente guadalupano. La presencia de María ha logrado que el Evangelio arraigue en estas tierras, que han sido desde antiguo, confluencia de civilizaciones, cruce de caminos, pero también tierra de paso en la que pocos permanecían.

El 8 de Junio de 1518 Juan de Grijalva abrió Tabasco hacia el mundo occidental, sin embargo los españoles prefirieron poblar las tierras altas, de clima más agradable. En efecto, el clima caluroso, el tipo del suelo tan abundante en ríos y pantanos, las fuertes lluvias siempre has originado grandes inundaciones que no permitían el fácil acceso al territorio tabasqueño. Por otro lado, las clásicas enfermedades tropicales, como el dengue, el paludismo o la disentería, siempre han representado una dificultad para permanecer por mucho tiempo en la región.

El 17 de Abril de 1519, frente a una gran cruz y ante la imagen de la Virgen María de la Victoria, Fray Bartolomé de Olmedo celebró por primera vez la Eucaristía y, a partir de entonces se impartió el bautismo con regularidad. Sin embargo esta tierra abundante en riquezas, fue motivo de ambiciones y abandonos ancestrales.

En 1535 el Virrey Antonio de Mendoza encomendó a los religiosos franciscanos el trabajo de la evangelización de los indígenas, pero la atención fue ejercida con muchísima irregularidad, manteniéndose la religión en una condición marginal. En Tabasco nunca se establecieron regularmente misiones franciscanas, dominicanas, agustinas ni jesuitas.

Esta situación de aislamiento y abandono se agravó por una razón económica. Desde el inicio de la conquista, la costa del Golfo de México y, en concreto Tabasco, no fueron codiciados por la corona española debido a la ausencia de metales preciosos.

Así, mientras en otras partes se enseñaba artesanías, alfarería y religión, se fundaban colegios y universidades, al mismo tiempo que se construían edificios monumentales y templos, en Tabasco la mayor parte de la población no sabía leer ni escribir y no recibía instrucción religiosa, ya que solo tenían acceso a la cultura las personas que tenían la oportunidad de salir del Estado.

Por siglos, Tabasco permaneció aislado del resto del país, y aún se le consideró como el basurero de la nación, ya que acá se enviaba a los indeseables en todos los niveles. Los gobernadores, nombrados muchas veces solo por favoritismo, fueron por regla general, gente mediocre, interesada en las explotaciones de riquezas naturales pero no en el mejoramiento de los pobladores.

A esa circunstancia debemos de agregar las continuas preocupaciones que se sobrevenían a causa de la incursiones de las piratas que abundaban en las costas tabasqueñas y cuyo interés era obtener botín de cacao, palo de tinte, otros productos de la tierra e incluso personas, a fin de ser vendidos como esclavos.

La “larga oscuridad Virreinal” fue para Tabasco una curiosa mezcla de sufrimientos humanos, de poco interés en la educación y de una superficial evangelización.


II. LA ÉPOCA DE LA INDEPENDENCIA: UNA IDENTIDAD DIFÍCIL: ( 1812 — 1910 )

En el año de 1810 inició en la toda la nación Mexicana el movimiento de Independencia. Nuestro país veía su inicio como Nación independiente de la corona española.

Todos los movimientos militares y políticos que conmovieron a la nación mexicana durante sus primeros años de independencia tuvieron repercusión en Tabasco. Desde los acontecimientos de España relacionados con la invasión de Napoleón y los sucesivos cambios de gobierno en la península, hasta las luchas internas entre los conservadores y los liberales, una larga y penosa historia pesó sobre las espaldas de los tabasqueños, produciendo divisiones internas, poca estabilidad de los gobiernos, intranquilidad en la vida cotidiana, reduciendo la producción agrícola y ganadera y descuidando aún más la educación y la atención de la fe.

En 1810 fue elegido diputado ante las cortes constitucionales de Cádiz (España) el sacerdote José Eduardo de Cárdenas, quién había ya organizado previamente el ayuntamiento municipal de San Juan Bautista. Durante su permanencia en España, donde presentó un detallado informe acerca de la situación de Tabasco, tramitó la posibilidad de que el territorio se administrará en lo civil y en lo eclesiástico con autonomía respecto a Yucatán.

Tabasco se gobernó hasta 1880. a través de un Vicario “en la cabecera” que radicaba en San Juan Bautista, donde se atendieron periódicamente las estancias y los pueblos con misiones que daban por regla general misioneros franciscanos que venían de Orizaba, y se construyeron un gran número de ermitas y de templos de material más resistente.

En el aspecto político, después de terminado el período del Imperio de Iturbide, Tabasco, como Estado independiente, resultó parte de la nueva federación mexicana a partir de 1824. El 5 de febrero de 1825 en la Iglesia mayor de Esquipulas se juró la constitución federal del Estado.

Pero en el naciente Estado de Tabasco la paz no duraba. Primero, porque se dieron varias revueltas en las que, a fin de cuentas, triunfó la obediencia a la Federación. Después, porque en 1847 sufrió Tabasco dos veces la invasión del ejército de los Estados Unidos. A principios de 1848, prácticamente sin haber tenido batallas con lostabasqueños, se retiraron los invasores, reorganizándose el gobierno llamado “Liceo Tabasqueño”, presidido por el Sr. Eduardo Guilbault en Teapa.

Todos los cambios acontecidos en el país durante estos años a los que nos referimos, afectaron a Tabasco, que tuvo sucesivamente gobiernos ligados al federalismo, al centralismo, a los conservadores, al imperio de Maximiliano y finalmente a los liberales triunfantes en 1867.

Las divisiones en fracciones políticas, que afectaban duramente la convivencia civil y hasta la vida familiar, influyeron también para que se descuidara el aspecto de la atención a la fe del pueblo y a que se hiciera sentir la casi total ausencia de sacerdotes en el territorio de la Vicaría.

Durante mucho tiempo el Estado de Tabasco dependió, en lo civil y en lo eclesiástico, de Yucatán. Pero la distancia que separa el territorio de Tabasco en relación con Veracruz y Yucatán, hacía sumamente difícil su atención adecuada; Tabasco quedó sumergido en la sombra de la marginación y la falta de interés.

Hasta el 25 de mayo de 1880, su santidad, el Papa León XIII erigió la diócesis en Tabasco. Pero no fue sino hasta 1882 que fue elegido el primer obispo de Tabasco, Don Agustín de Jesús Torres Hernández, miembro de la congregación de la Misión.

De los primeros obispos de Tabasco puede decirse que, a pesar de los esfuerzos que realizaron, fue muy poco lo que lograron, dadas las peculiares condiciones de la población, la insalubridad de los terrenos, el clima inhóspito, las enfermedades que se contraían con facilidad, las pocas ayudas con las que contaron e incluso la diferencia y la hostilidad de los gobiernos dirigentes, muy influenciados por las corrientes liberales y masónicas.

El primer obispo, Don Agustín de Jesús Torres Hernández, solo duró en su oficio dos años, hasta el 30 de julio de 1885. El segundo, Don Perfecto Amézquita, duró aún menos, pues fue elegido en junio de 1896 y trasladado a Puebla al año siguiente.

El tercero, Don Francisco María Campos y Angeles fue obispo por un periodo más largo, de 1897 a 1908. Durante su período se gozó de cierta estabilidad y se notó un crecimiento significativo en la Iglesia: logró durante su permanencia tener 21 sacerdotes, fundar el seminario y hacerse ayudar de hermanas Josefinas y hermanos de las Escuelas Cristianas para ayudar en la educación.

De su cuarto obispo, Don Leonardo Castellanos y Castellanos, muerto con fama de santidad, puede gloriarse la diócesis. Su estancia en Tabasco de poco más de tres años, dejó la huella imborrable de una caridad abierta hacia todos. José María Pino Suárez, que era tabasqueño y además vicepresidente de la República en tiempos de Francisco I. Madero, escribió este testimonio sobre él: “En mi vida había visto jamás la virtud, la inocencia y el candor en un hombre. Todo esto lo posee el obispo de Tabasco”.


III. EL TIEMPO DE LA REVOLUCIÓN Y LA PERSECUCIÓN: ( 1910— 1938 )

En estas tierras tabasqueñas, a pesar de ser tan ricas en recursos y con abundantes plantaciones de maíz, cacao, tabaco, arroz, caña dulce, pimienta, los campesinos permanecieron siempre en la pobreza y el campo quedó muy rezagado.

Esta parte de México, el sur campesino, aislado, empobrecido y atrasado, se levantó en armas, ansiando tierra y libertad, en el año 1910. Sin embargo, el movimiento campesino social y radical, que demandaba una profunda transformación popular, encabezado por Emiliano Zapata, no fue el verdadero triunfador de la revolución mexicana. Más bien triunfaron los intereses de los nuevos agricultores y pequeños propietarios del norte del país, a quienes se les impedía surgir y crecer durante el porfiriato.

El quinto obispo de Tabasco, Don Antonio Hernández y Rodríguez, fue un obispo sufrido y perseguido en tiempos de la revolución. Ejerció su ministerio por muy poco tiempo, en medio de las incertidumbres revolucionarias de esos años. Habiendo llegado a San Juan Bautista en mayo de l913; lo sorprendió en julio del siguiente año, la rebelión carrancista de fuertes rasgos anticlericales y fue amenazado, humillado y vejado. De septiembre de 1914 a marzo de 1921 permaneció en Córdoba, Veracruz y posteriormente en Michoacán. Regresó a Tabasco a mediados de 1921, pero en julio de 1922 renunció a su diócesis, muriendo en el estado de Guerrero en 1926.

Durante las décadas de 1920 y 1930, las facciones revolucionarias triunfantes de Obregón, Calles y sus aliados, pusieron las bases para construir el nuevo Estado. México vivió épocas de promesas eternas para con el pueblo, de radicalismo fanáticos contra la religión, de odio para con quienes se consideraban los emisarios del antiguo régimen, de acciones contradictorias y de fuertes desgarramientos para pasar del México de caudillos a la “revolución institucionalizada”.

Para la Iglesia católica en México, la corriente revolucionaria llamada “constitucionalista” llevó adelante una política de hostilidad y aún de abierta persecución. A nivel nacional Plutarco Elías Calles atacó directamente la religión católica y combatió con el ejército a los católicos levantados en armas. Como nuestros Obispos nos recuerdan:

La Iglesia llegó a ser vista como el principal obstáculo de la identidad, de la soberanía y del desarrollo de la Nación, y se pensó que su eliminación del escenario público, o al menos su marginación y reducción a la esfera privada, traería una mayor afirmación de la identidad de los mexicanos.(EJEST 38 ).

A partir de entonces la presencia institucional de la Iglesia fue cada vez más marginada de los espacios sociales en los que antes participaba activamente. Lo más lamentable de esta etapa no fue tanto que marginaran a la Iglesia quienes detentaban el poder político, sino su paulatina automarginación de muchos católicos del mundo de la política, de la economía y de la cultura en general. (EJEST 42).

La persecución desatada sobre todo hacia 1925, revistió en Tabasco, dominado por el “líder máximo” Tomás Garrido Canabal, especial dureza, prolongándose mucho más allá de los arreglos entre el episcopado y el gobierno en 1929.

Tomás Garrido es, sin duda, una figura controvertida. Él aspiraba a mejorar el nivel de vida de los tabasqueños y pretendió cambiar las estructuras sociales desde la raíz para avanzar hacia una nueva sociedad más justa. Ayudó mucho a que las mujeres obtuvieran los mismos derechos sociales y políticos que los hombres. Prestó especial atención a la educación y combatió al alcoholismo de manera inflexible. Destinó una gran cantidad de recursos para brindar a los tabasqueños la preparación requerida para obtener un mayor rendimiento en el campo. Dio un fuerte impulso a la ganadería y al cultivo del cacao, la caña de azúcar, el coco, el hule y el plátano.

Por todo esto, la época de Garrido, es bien recordada todavía por muchos en Tabasco. Sin embargo, con su campaña antirreligiosa Garrido, sembró por todas partes el terror y la angustia, mediante una profunda falta de respeto a la libertad del pueblo.

Garrido quiso hacer del Estado, aislado del resto del país, “El laboratorio de la Revolución” un lugar donde se viviera del trabajo, lejos de “prejuicios” y “fanatismo” donde estuviera prohibido no sólo el ejercicio de cualquier religión o el ministerio de los sacerdotes, sino donde todo había de organizarse de acuerdo al credo “racionalista”.

Con la campaña antirreligiosa, iniciada en 1928 se pretendía, según Garrido, “desfanatizar” al pueblo. Garrido estaba empeñado en eliminar la religión. Se inició la campaña: los templos fueron derribados, los sacerdotes expulsados, las imágenes incineradas, los hogares allanados por jóvenes garridistas, camisas rojas, con órdenes de incautar todos los objetos y símbolos religiosos (libros, imágenes, medallas, etc.).

Garrido no se conformó con la desaparición física de los objetos exteriores de culto: quería erradicar lo que él consideraba puro “fanatismo” y entronizar el “racionalismo” en la mente de los tabasqueños. Organizó así asambleas “culturales” encaminadas a alejar al pueblo del dogmatismo religioso: se hacían discursos contra la religión, se leían poemas, se oía música o, simplemente, se quemaban santos.

Erradicar las creencias religiosas se volvió una verdadera obsesión para Garrido. Se prohibió el uso de las cruces sobre las tumbas; las fiestas religiosas fueron sustituidas por ferias regionales, se cambió la designación de todas las rancherías, pueblos, villas y ciudades que llevasen nombres religiosos, y se les puso nombre de héroes, maestros, libertadores regionales, artistas sabios, etc. Se prohibieron todos los escritores que hiciesen alguna referencia a Dios. A tales extremos de intolerancia y fanatismo irracional se llegó en el intento de desterrar, precisamente, el supuesto “fanatismo” y la “irracionalidad”.

Pero, ¿cómo reaccionó el pueblo tabasqueño? No hubo, es verdad, demasiada oposición a la campaña y ello se explica por el escaso arraigo de la religión en Tabasco durante los siglos de olvido colonial: “Esta indiferencia hacia la religión puede explicarse por el hecho de que en Tabasco, como hemos dicho, no se establecieron nunca misiones franciscanas, dominicanas, agustinas ni jesuitas. La población no puso fuerte resistencia y las escasas manifestaciones de rebeldía fueron reprimidas. Puede decirse que el culto religioso desapareció en el estado durante la época garridista.

En 1923 había sido elegido obispo de Tabasco Don Pascual Díaz y Barreto, jesuita, quien pudo permanecer en su diócesis sólo alrededor de un año. Al llegar encontró siete sacerdotes, de los cuales ninguno permanecería en 1938.

Este prolongado y difícil período, sin embargo, juzgado a la distancia, fue una purificación para la fe del pueblo y para la labor de la Iglesia, la cual no siempre había sido fiel al mandato de su Señor. Garrido pasó, la desfanatización y las camisas Rojas pasaron, la fe continuó su camino en Tabasco. Lenta pero seguramente, como escribió el P. Carlos María de Heredia, Tabasco renacía para Cristo a partir de 1938. ¡Renace la esperanza, la vida surge, crece el amor, florece la alegría en medio del pueblo, pues Jesús resucitó!



IV. EL RENACIMIENTO DE LA IGLESIA, PUEBLO SANTO DE DIOS: ( 1938 — 1974 )

Los Olmecas y los Mayas, antiguos pobladores de estas tierras, nos dieron a los tabasqueños nuestra manera particular de creer, de cultivar la tierra, de vivir y de relacionarnos. Hasta bien avanzada la colonia, la población de Tabasco era su mayoría indígena, los indígenas chontales eran casi la mitad de la población. Aún hoy la presencia de indígenas en el estado continua siendo importante.

Un elemento importante, es este sentido, es la presencia de los “rezadores”, que se remonta al período prehispánico de la cultura maya. La historia de Tabasco, como lo ya lo hemos visto, está caracterizada por la muy escasa presencia de sacerdotes en la región.

Por eso, el papel de los fieles laicos en general, y en particular de los rezadores, es muy importante en la historia de la evangelización de Tabasco. Solamente ellos sobrevivieron durante la conquista española y durante los largos siglos de abandono colonial. Incluso en la época garridista ellos se desempeñaron como dirigentes de varios poblados.

En la diócesis de Tabasco, durante las largas etapas en la que prevaleció la ausencia de los sacerdotes y misioneros, sólo los fieles laicos, catequistas y rezadores fueron capaces de mantener viva la fe y la religiosidad del pueblo. De manera que, desde los inicios, los fieles laicos han tenido un papel muy importante y activo en la Evangelización de Tabasco. Un ejemplo venerable de catequista comprometido y santo es el indio Gabriel García en San Carlos Macuspana.

El camino de renacimiento de la Iglesia en Tabasco se inició hasta el año de 1938, pues, a pesar que desde el 14 de febrero de 1930 había sido elegido obispo para Tabasco Don Vicente María Camacho y Moya, éste no pudo entrar a Villahermosa sino hasta el 10 de diciembre de 1938.

El celo del señor Obispo Don Vicente Camacho, quien durante los cinco años que permaneció en Tabasco visitó todos los rincones de la diócesis reavivando la fe, la ayuda de misioneros seglares entre los que hay que destacar a cinco catequistas llegadas de Córdoba: Leticia Assenato, Ana María Andrade, Margarita Ruiz, Inés Salmerón y María de los Ángeles Pozos, de los Jesuitas y de los Misioneros del Espíritu Santo, fueron en conjunto revitalizando las obras y la presencia de la Iglesia y haciéndola creíble en un ambiente hostil y paganizado.

El 18 de febrero de 1943 murió en la ciudad de México Mons. Camacho y fue electo el 2 de junio de 1945 Don José de Jesús del Valle Navarro quien permaneció hasta 1966. La larga y tesonera labor de apoyo que don José de Jesús dio a las instituciones de catequesis y de educación cristiana, su preocupación por la formación sacerdotal y sus relaciones cordiales con las asociaciones civiles, sentaron bases firmes para lo que vendría más tarde. Las torres de la futura catedral se realizaron durante su episcopado. Como un gesto profético, el señor Del Valle inició la construcción de las torres de la catedral, queriendo significar la fe de una Iglesia que se levanta. Con el correr del tiempo esas torres han llegado a ser el símbolo de Tabasco. Sin embargo, hoy día ese signo puede ser considerado como un anti signo, es decir el de una Iglesia que no acaba de establecerse, de crecer, de madurar. La catedral no se ha terminado. Al reiniciar en el 2006 los trabajos materiales de la construcción de la catedral queremos que también el Plan Pastoral Diocesano sea el signo espiritual de la Iglesia que quiere crecer y dar su respuesta generosa al Señor. En 1947 el Lic. Francisco J. Santamaría, entonces gobernador del Estado, lo calificó públicamente de “hombre talentoso, comprensivo y patriota”.

En 1950 el señor Del Valle hizo un balance de la hostilidad que encontró a su llegada, de la carencia de templos y de otros temas: “Dios nuestro ha prestado su ayuda, supliendo la que no ha dado este pueblo, tan desconfiado de sus guías espirituales”. En 1959 expuso el método de diálogo que puso siempre en práctica: “Buena voluntad,comprensión, caridad sonriente y obsequiosa en todas partes”.

Después del señor del Valle estuvo por algunos años Don Antonio Hernández Gallegos, de 1967 a 1974. Él continuó la obra emprendida.


V. EL CAMBIO EN TABASCO Y EN LA NACIÓN: ( 1974 - 1992 )

El 4 de julio de 1974 tomó posesión como Obispo de Tabasco Don Rafael García González, coincidiendo el inicio de su ministerio con el auge petrolero y con los nuevos problemas que también afectaban a la situación religiosa de la entidad. En mayo de 1976 veía a Tabasco como “Tierra de Esperanza” y exhortaba a todos a realizar un decidido esfuerzo de evangelización. Este esfuerzo, desarrollado en diferentes maneras, fue dando a conocer a una Iglesia diferente, que trataba de ser más fiel a Jesucristo y a su pueblo.

El cambio más definitivo que se dio en la sociedad tabasqueña sucedió cuando se descubrieron nuevos yacimientos de hidrocarburos en el sureste mexicano. El período de fuerte impacto de PEMEX en Tabasco podemos ubicarlo de 1965 a 1980. Esta expansión petrolera generó grandes alteraciones en el hábitat natural, en la vida cotidiana y en las relaciones económico-sociales de toda la región. Así iniciaron años de grandes contrastes sociales, culturales, políticos y económicos.

El agravio más grande que perciben los campesinos con la llegada de PEMEX a la región fue la ruptura del hombre con la naturaleza. Antes de la llegada del petróleo, el campesino vivía dentro de ella como un elemento más de sus criaturas; había un respeto ancestral por la sabiduría que sólo se adquiere con siglos de asentamientos en el medio y una sabiduría atesorada de generación en generación, que se relaciona con el mejor modo de vivir sin destruirla. De esta manera, se mantuvo por mucho tiempo el equilibrio entre seres humanos y naturaleza.

Pero un día llegó “el otro”, el conquistador, el que irrumpe desde fuera, el que destruye la naturaleza e impone a los demás su diferente modo de vivir; intenta sojuzgar al medio natural para extraer los hidrocarburos del subsuelo; desvía ríos, abre canales, destruye selvas y bosques.

Económicamente, las consecuencias aparecieron en la contaminación, la destrucción, la pérdida de la tierra; ladisminución alarmante de la agricultura dada la importancia que el gobierno da a la producción de petróleo. El alza en el costo de la vida; el aumento del latifundio; el empobrecimiento del campo. Toda esta situación se vio agravada por la corrupción que imperaba en el medio.

Políticamente se inició una época de control y dominio político a través de PEMEX y del sindicato, con una amplia esfera.

Culturalmente, aparece una transformación y desajuste enorme en la estructura familiar, en la formación de una cultura urbano-campesina y, en la vida y práctica de la religión. El mundo exterior, del que el tabasqueño estaba aislado, invadió con violencia la vida tranquila y cerrada que se tenía. Se enfrentaron realidades nuevas en un tiempo muy corto y a un ritmo muy rápido, lo que no permitió una asimilación paulatina. Así se provocó una crisisen la sociedad, que no consigue ser asumida tan rápidamente.

Con la llegada de la industria petrolera, es verdad, llegaron cosas muy buenas. Se construyeron caminos, llegaron personas y equipos de maquinaria, llegó la luz eléctrica casi a todas las rancherías y con ella legó la televisión. También llegaron las oportunidades de empleo, la inversión federal, la rápida modernización de las ciudades, en fin, la llegada de PEMEX marcó el fin del aislamiento en que el tabasqueño vivía y el inicio de la modernidad para la región.

Pero el cambio social que se produjo marcó profundamente al tabasqueño. Desde ese momento comenzaron grandes rupturas con las tradiciones de los antepasados. Se produjeron muchas crisis que hasta hoy no han sido totalmente superadas.

Durante esta época de cambios profundos, la iglesia también ha ido cambiando. Don Rafael fundó el seminario mayor al que han ido ingresando cada vez más vocaciones locales. Este importante logro, junto con la presenciade las comunidades religiosas, los movimientos de los laicos, la educación de las comunidades y las catequesis diferenciadas fue cambiando la fisonomía de la diócesis de Tabasco. El proceso sinodal, iniciado en elaño de 1987, tenía como meta afrontar estos cambios para lograr una Iglesia renovada, comprometido y de cara al futuro.

En 1983 se envió a Roma un informe que, en unas cuantas líneas resume las acciones emprendidas por Don Rafael a la frente de su Iglesia local: “Pasada la persecución religiosa, que en esta diócesis fue caótica y enfrentados por los tres obispos anteriores los desastres y sus consecuencias inmediatas, necesitábamos quien pudiera lanzarnos a una nueva y renovada imagen de la Iglesia quien, haciéndola presente, invitara a respetarla y escucharla, a buscarla y, en fin amarla. Desacreditada como estaba y sigue estando en diferentes ámbitos, la Iglesia se ha ido levantando, erguida y firme como las dos torres de su inconclusa catedral, gracias a la fuerza del Espíritu y a la labor incansable de su pastores”.


VI. NUESTRA ÉPOCA ACTUAL, DE CAMBIOS Y CONTRASTES: ( 1992— 2002 )

El 30 de Noviembre de 1992 fue consagrado como decimoprimer obispo para la diócesis de Tabasco, Don Florencio Olvera Ochoa. Toda esta última etapa ha estado marcada por los profundos cambios sociales a los que asistimos en el mundo y en la Nación.

Comparando el Tabasco de hoy con el de años atrás, encontramos contrastes muy marcados: de un estado de crecimiento reducido se ha dado paso a un estado de acelerado crecimiento. De un estado predominantemente rural y campesino, se pasa al crecimiento de las ciudades. El estilo de vida de los tabasqueños se ha modificado notablemente. El trabajo agrícola y ganadero ha variado. El mismo paisaje ha quedado marcado con las construcciones directa e indirectamente relacionadas con el petróleo, contaminando muchos de los campos y los ríos.

Por una parte, se multiplicó la riqueza de algunos, se embelleció la ciudad capital y se le dotó de suntuosas obras. Pero, por otra parte, han subido los precios, se han multiplicado los problemas y las distancias entre los hombres, la criminalidad y el empobrecimiento de la mayoría han crecido. Al desarrollo económico no lo ha acompañado el desarrollo humano.

Lo recuerdan nuestros Obispos: El deterioro de la capacidad adquisitiva de la mayoría de las personas; la falta de empleos y condiciones favorables para la micro, pequeña y mediana industria; la caída en la calidad de vida especialmente de las clases medias y su paulatina disolución como grupo social; y el acelerado enriquecimiento y concentración de la riqueza de unos cuantos, ponen en evidencia uno de los más graves problemas de nuestro tiempo y hacen de México uno de lo más graves problemas de nuestro tiempo y hacen de México uno de los países con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza en el mundo. (EJST 56).

La pobreza ha crecido en los últimos 20 años. Nos referimos no sólo a las formas de pobreza tradicional y de injusticia social que ya teníamos, sino que han surgido nuevas maneras de empobrecimiento en el campo y en las ciudades, de marginación y hasta de exclusión de grandes grupos sociales, especialmente de campesinos e indígenas. (EJEST 57).

La Iglesia en Tabasco tiene el enorme reto de seguir emprendiendo una evangelización inculturada y encarnada, en la que el encuentro con Jesucristo vivo nos lleve, personal y comunitariamente, a la conversión continua, a la comunión efectiva y a la solidaridad activa entre nosotros.

Desde su llegada a Tabasco, Don Florencio fue buscando este objetivo. En el año de 1994 nos comprometimos como diócesis a impulsar las cuatro dimensiones de la pastoral: la pastoral de evangelización y proclamación de la Palabra de Dios, de anuncio y denuncia proféticos. La pastoral de celebración de la vida o pastoral litúrgica. La pastoral del servicio y la caridad o pastoral social. Y la pastoral de la comunión y los ministerios.

En el año de 1996, respondiendo al llamado que el Papa Juan Pablo II hizo a la Iglesia universal, Don Florencio nos convocó a la preparación del Gran Jubileo de la Encarnación en el año 2000. Con este proceso jubilar, nos fuimos preparando para emprender el camino de nuestra Planeación Pastoral Diocesana. Don Florencio supo coordinar esfuerzos y conjuntar personas, experiencias y carismas, aceptando el reto que implica una comunidad eclesial compleja.

En la primavera del año 2001, don Florencio Olvera Ochoa, tomó posesión como Obispo de Cuernavaca, quedando Tabasco como diócesis vacante y al frente de ella el administrador diocesano el Pbro. José Narváez García.

El 8 de abril del año 2003 llega a Tabasco nuestro nuevo Obispo, Excmo. Sr. Don Benjamín Castillo Plascencia, hasta entonces obispo auxiliar de la arquidiócesis de Guadalajara. Don Benjamín encuentra una sociedad tabasqueña plural en lo político y en lo social; encuentra una Iglesia en camino. Sus ejes que proyectan su trabajo pastoral son los siguientes: continuar con el proceso diocesano de la planeación pastoral, darle prioridad al seminario para que siga formando a los futuros pastores de la diócesis, impulsar la formación integral y permanente del presbiterio, llevar adelante la construcción de la catedral, impulsar la pastoral familiar y lograr el diálogo permanente con todos los agentes de pastoral, especialmente los presbíteros.